Hace algunos años se había puesto de moda comprar buditas, esas figuritas panzonas que los restaurantes de comida china colocan a la entrada de sus locales ( pero en miniatura, claro está ).
Los había de distintas suertes como el del amor, del dinero, de la salud... pero yo me compré el de la felicidad ( tal vez para que me garantizase ser feliz en los más diversos escenarios de la vida ). Y ahí sigue colocado en una balda de mi dormitorio.
Creo que actué sabiamente porque, en el fondo de su Ser, a lo que realmente aspiran todas las personas es alcanzar la dicha.
Pueden aspirar a tener una casa más grande, un coche más veloz, un armario más lujoso, más amigos, un amante fiel... pero en el fondo lo que todos buscan desesperadamente es ser felices.
Lo triste es que la felicidad que logramos tras alcanzar nuestros sueños suele ser efímera y fugaz y se desvanece, como voluta de humo, dejando un vacío en nuestro interior.




